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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

sábado, noviembre 07, 2009

Fuck the fourth comandment (o a la mierda el cuarto mandamiento


Excelente reflexión de Maria LLopis vía: www.elimbo.org



Alice Miller sostiene que nuestro ser adulto depende de forma directa de la infancia que hayamos tenido. Que los abusos a los que hemos sido sometidos como niños constituyen la esencia de nuestro ser. Y no habla tan sólo de casos extremos de abuso sexual o violencia física, sino de la forma en la que la sociedad cría a sus hijos, que incluye violencia a otro nivel.

Alice sostiene que dejar llorar a un niño solo en su cuna es violencia, que darle una bofetada a un niño es violencia, que la forma en la que "por su propio bien" se castiga a los niños es en extremo violenta. Y que el niño no puede defenderse, y que asimila esa violencia como amor. Alice sostiene que la maldad no es inherente al ser humano, sino que la maldad se gesta en nosotros a través del abuso. Alice dice que el cuarto mandamiento ha hecho mucho daño, que sólo aceptando el daño que nuestros progenitores han infringido en nosotros, seremos capaces de avanzar como personas y no hundirnos en depresiones y psicosis varias.

Alice ha estudiado la infancia de algunas de las personas más crueles del mundo, como Hitler, por ejemplo, cuya infancia se vio marcada por un padre estricto en extremo que martirizó a su hijo hasta el punto de convertirlo en el ser inhumano que sería como adulto. Alice dice que es importante ser conscientes del daño que hemos recibido en nuestra infancia para así no repetir el mismo patrón con nuestros hijos y no continuar el círculo. Y de paso ahorrarnos tantos sufrimientos, adicciones, depresiones, y suma y sigue.

Para ello es fundamental mandar a la mierda al cuarto mandamiento, valga la redundancia: Honraras a tu padre y a tu madre. Ser capaz de hablar y pensar con claridad sobre la forma abusiba en la que fuimos criados (y todos los hemos sido, en mayor o menor grado, porque la sociedad en la que vivimos así lo propicia) es fundamental para poder constituirnos como adultos felices, o mínimamente felices.

Leyendo a Alice Miller y viendo la película de Orgasmic Birth, tras meses de terapia, en esta casa perdida en Canadá donde me encuentro, pienso en las cuestiones de mi vida que me preocupan y llego a tremendas conclusiones:
Desde mi nacimiento sufrí el maltrato de mi madre, una mujer psicótica. Sentí la injusticia que sufrió al quedarse embarazada de mí siendo una adolescente. Desde muy niña me dije que a mí nunca me pasaría eso. Que nunca me quedaría embarazada así. Que nunca sería como ella. Y cerré los músculos de mi útero en una eterna contracción que tendría tres grandes consecuencias en mi vida como adulta.

La primera, un dolor extremo en mi menstruación. La cosa es sencilla, si el músculo está contraído, la sangre no fluye, provocando agudos dolores. La segunda, la dificultad para tener orgasmos, la cosa es muy sencilla también, si no puedo relajar los músculos de mi útero, difícilmente podré correrme. Sólo con personas que han conseguido que me relajara y confiara lo suficiente. Pero el orgasmo sigue siendo un tema complicado en mi sexualidad. La tercera consecuencia es la más práctica: pese a llevar años y años de vida sexual activa y no siempre segura, nunca me he quedado embarazada. Claro, el cuello de mi útero es una fortaleza. Todo encaja.

Una cuarta e hipotética consecuencia sería un parto difícil. De forma instintiva nunca he querido quedarme embarazada porque sabía que el parto sería una experiencia dolorosa en extrema. Políticas reproductivas a parte. Y últimamente me estaba planteando que tal vez no fuera fértil, ya que nunca me había quedado embarazada por error. Pero hoy he unido todos los cabos, llegando a la conclusión de que todo está relacionado. Y que tengo que encontrar la manera de abrirme otra vez, no sé cómo ni de qué manera, pero la encontraré.

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