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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

domingo, junio 07, 2009

ARTE, CUERPO Y ARTETERAPIA



LA CREACIÓN COMO EXPERIENCIA CATALIZADORA EN LA ENFERMEDAD.


Eva C. Mesas Escobar





«La adicción a la poesía es el resultado de una mente inquieta en un cuerpo
incómodo.»
LORD BYRON







I) INTRODUCCIÓN





El primer punto de encuentro de la experiencia catalizadora de la creación en la enfermedad es posible encontrarlo hacía 1920 en los trabajo de algunos pacientes tuberculosos que usarán la actividad plástica como terapia ocupacional[1], o en los experimentos arteterapeuticos del británico Adrian Hill[2] con enfermos convalecientes durante la II Guerra Mundial.
A través de la Historia del Arte mucho se ha hablado, sobretodo en el Romanticismo, de la enfermedad como medio para dotar al individuo de una sensibilidad exacerbada. El poeta alemán Novalis, conocido como el poeta de la muerte, lo expresaría de la siguiente manera, « ¿No será que la enfermedad es un medio para llegar a una síntesis más elevada, un fenómeno de una gran sensibilidad a punto de transformarse en un poder superior? [3]». Afecciones dramáticas, como la tuberculosis, la anemia, el asma, la epilepsia e incluso el suicido, fueron consideradas por los románticos como símbolos de prestigio, ya que los estados de cercanía hacía la muerte constituían un pasaporte hacía la gloria.
Lo cierto es, que a lo largo de la Historia del Arte contamos con numerosos ejemplos de artistas que ante situaciones límites, enfermedades orgánicas o trágicos accidentes, han utilizado el arte como medio catalizador de sus malestares. Para algunos artistas el deseo de crear puede vencer hasta la más devastadora incapacidad física o psíquica. El pintor Francés Pierre Renoir pintó violentamente durante sus últimos años a pesar de la dolorosa artritis que le obliga a envolverse las manos con algodones y a sujetar el pincel entre el dedo índice y el anular. Más tarde, observamos ejemplos de perseverancia similares en la obra del ilustrador Ivar Arosenius, en los últimos autorretratos de Henri Matisse y Paul Klee, en las dramáticas pinturas de Frida Khalo, en la obra póstuma de Hannah Wilke o en los espectáculos malsanos de Bob Flanagan o Ron Athey.
La enfermedad se expresa en el cuerpo y el cuerpo se expresa en el arte para sobrellevar la enfermedad. Arte, cuerpo, enfermedad y terapia son conceptos hermanados, el escritor Marcel Proust dejó establecida esta simbiosis cuando afirmo: «Todas las grandes cosas del mundo han sido creadas por neuróticos. Ellos han compuesto nuestras obras maestras. Gozamos de música encantadora, de las pinturas bellas, así como miles de pequeños milagros del arte, sin considerar lo que les ha costado a sus creadores en noches sin sueño, asma, epilepsia y lo peor de todo, el temor a la muerte[4]»


II) LA ENFERMEDAD EN LA ACTIVIDAD CREADORA





La enfermedad, expone Noemí Martinez Diez, es cualquier trastorno anormal del cuerpo que provoca molestias y cambios en las funciones normales[5]. La enfermedad altera nuestra normalidad, desestabiliza nuestros sentidos, nos arrebata nuestro cuerpo y nuestro yo. La enfermedad es una extraña presencia que se apodera de todo. El médico y aficionado del arte Philip Sandblom define la enfermedad como esa otra presencia que ocupa tu cuerpo y que te separa de la feliz manada de los seres normales[6]. La escritora y ensayista Susan Sontang, tras pasar varios años en cama, describe la enfermedad de la siguiente manera: «La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.[7]»
La enfermedad altera nuestra normalidad, nos propone una transformación de una realidad inicial (normalidad) hacía un nueva realidad (anormalidad), nos propone un viaje hacía un lugar desconocido (reino de los enfermos). Esta transformación o este viaje hacía un lugar desconocido, al que nos somete la enfermedad, ejerce poderosa influencia en la actividad creadora. La enfermedad se convierte, en ocasiones, en el detonador de un talento artístico oculto, en otras, es el elemento determinante del producto creativo, a veces, es el elemento transformador de la técnica artística, o incluso, el motor de alguna experiencia límite en el arte actual. En cualquiera de estas vías, lo cierto es que el arte supuso el mejor atajo terapéutico para transitar la enfermedad.
Que el arte tiene poderes terapéuticos es algo que ha sido nombrado por muchos creadores, Heinrich Heine lo expresa con el siguiente verso: «Si mi mal bien pudo ser la causa primera de mi impulso creativo, mi creación purgó mi cuerpo y mi organismo, creando recobré juicio y salud. [8]», Graham Greene apuntaría lo siguiente: «Escribir es una forma de terapia, a veces me pregunto cómo logran escapar de la locura, de la melancolía y del pánico, que son estados propios de la condición humana, los que no escriben, ni componen ni pintan.»[9] Y la escritora Karen Blixen, autora de Los siete cuentos góticos, diría que «Puede uno aguantar cualquier sufrimiento si lo compensa escribiendo una novela»[10]


II. A) LA ENFERMEDAD COMO DETONADOR DE UN TALENTO ARTÍSTICO OCULTO





Muchos son los artistas que saben, ya que lo han vivido en sus propias carnes, que la creación puede ayudar a resolver los inevitables conflictos de la vida. Durante la enfermedad o las experiencias difíciles el ser se retuerce sobre sí mismo, busca recobrar su identidad robada por esa extraña presencia que se apodera de todo, Narciso está herido, sangrando salvajemente, y su única curación es reafirmarse, sentirse. Durante la enfermedad sólo importa recobrar el yo perdido y el arte es una manera única para ser. Cuando Anatole Broyard cayó víctima de un cáncer de próstata, reflexionó sobre su necesidad de escribir, sobre todo en los momentos vitales difíciles:
Cómo cualquiera que atraviesa por una experiencia extraordinaria, yo quería describirla. Parece ser que ésta es una reacción natural, especialmente para un escritor o un artista. Quería (…) decirle a la gente cómo es una enfermedad grave, las ideas y las fantasías sin precedentes con la que nos llena la cabeza, las inesperadas sensaciones de inquietud y las alteraciones que introduce en nuestro organismo. Para una persona gravemente enferma, hablar con otras conciencias es como la sangría que recomendaban los médicos para reducir la presión[11]

Muchos artistas recurrieron por primera vez a la actividad artística tras una enfermedad o una experiencia dolorosa, el pintor Henri Matisse, que ha pasado a la Historia del Arte por ser el máximo representante del Fauvismo francés de principio de siglo y un antecesor de la pintura moderna, ejercía de abogado cuando un apendicitis le obligó a mantenerse inactivo durante un tiempo. Fue entonces cuando empieza a pintar para distraerse en el hospital, y de esta manera descubre su verdadera vocación. De su mano nace un nuevo impresionismo caracterizado por la simplicidad de las formas, la sinuosidad de la línea, que se completa con un colorido vivo y resplandeciente.
En los últimos trece años de su vida, El pintor sufrió una obligada reclusión en cama cómo consecuencia de una eventración abdominal a causa de una operación quirúrgica por cáncer de colon, pese a su incapacidad Matisse necesita seguir creando, necesitaba traer todo su imaginario de color a su espacio póstumo. Para ello, realizaba pequeños recortables de colores con sinuosas formas y los disponía, con ayuda de sus visitas o de herramientas, por toda su habitación. Los papeles recortados de Matisse son composiciones directamente dibujadas con tijera, formas sencillas y altamente expresivas que fueron utilizadas como elementos decorativos para telas, vidrieras, carteles y libros.
Otro de los casos más reveladores de la relación arte y enfermedad lo encontramos en la Mexicana Frida khalo. Con dieciocho años tuvo un accidente de autobús que le destrozó la espina dorsal, la pelvis y uno de los pies. A causa de este accidente sufrió más de 32 operaciones, muchas de ellas innecesarias y equívocas, que terminaron con la amputación de una de sus piernas, lo que para ella fue un golpe terrible que expresó en uno de sus cuadro titulado Pies para que os quiero si tengo alas para volar, con el cual aludía a esa escape de la realidad que le proporcionaba la creación. Frida empezó a pintar para sobrellevar el dolor, necesitaba dar una forma física a todo su sufrimiento. Diría H .Herrera « Mediante la pintura, Frida trasmutaba su dolor en arte con una notable franqueza atemperada por el humor y la fantasía»[12]
Se la relacionó con el movimiento de vanguardia surrealista, aunque este fue un vínculo que ella siempre desmintió, «Yo no pinto sueños, pinto mi propia realidad» afirmaba solemnemente. Toda su realidad se reflejaba en su intensa producción de autorretratos, Pintora y lienzo cara a cara en un despiadado diálogo de dolor y lágrimas. En sus lienzos podemos ver los capítulos más dramáticos de una vida marcada por la adversidad y la perseverancia, se pintó a sí misma llorando de dolor con su columna fracturada en varias partes, se pintó desangrándose durante un aborto, acompañada de un esqueleto y de fantasmagóricas figuras, atormentada en su soledad, herida como una gacela por la traición de sus seres queridos, desarraigada de su medio y sus costumbres, y sobretodo descorazonada, sufriente por el empeoramiento de su enfermedad, suplicante de atención y profundamente obsesionada por el amor, no siempre correspondido, del muralista mexicano Diego Rivera.

II.B) LA ENFERMEDAD COMO TRANSFORMADOR DE LA TÉCNICA ARTÍSTICA





Ya hemos nombrado como el pintor Pierre August Renoir trabajó durante sus últimos años a pesar de la dolorosa artritis que padecía en sus manos. Como es de esperar, esta dificultad o incapacidad física, que le obligaba a sujetar el pincel con dificultad entre el dedo anular y pulgar, supuso una transformación en su técnica artística, que en el caso de Renoir resultó absolutamente enriquecedora, ya que fueron precisamente sus últimas obras las que han sido consideradas por la Historia del Arte como las grandes obras maestras del artista. El pintor francés Matisse, del cual hemos hablado, conoció a Renoir en sus últimos años y fue testigo de su sufrimiento y su lucha vital con la pintura, lo describe de la siguiente manera:
Fue un prolongado martirio, las articulaciones de sus dedos estaban hinchadas y tremendamente deformadas, ¡Y, sin embargo; ahora estaba pintando sus mejores cuadros! Mientras su cuerpo se desgastaba, su alma parecía cobrar fuerza y él expresaba sus ideas con una gran facilidad.[13]

Los cambios originados en el lenguaje expresivo de un pintor como efecto del envejecimiento y la enfermedad, quedan representados en la transformación sufrida en la obra del pintor impresionista Claude Oscar Monet. La técnica de este pintor impresionista consistía en el empleo de pinceladas yuxtapuestas, cortas, fragmentadas y rápidas, exaltando los objetos a plena luz, dando lugar a imágenes evanescentes, difuminadas, brillantes y luminosas. Con el envejecimiento esta capacidad expresiva aumenta, sus pinceladas se volvieron toscas, profundamente agresivas y expresivas, y los colores cambiaron considerablemente hacía tonos cada vez más irreales, sus últimos paisajes resultaron dolientes y pesados, con una predominancia de rojos y negros, debido, posiblemente, a las cataratas que el artista sufrió con la vejez.
Otro artista, que creo relevante traer en este momento, es el americano Mark Rothko, considerado uno de los pintores más importantes de la segunda Guerra Mundial, representante del movimiento artístico Expresionismo Abstracto. Su radical negación hacía el arte convencional desembocó tras varias fases creativas en grandes superficies abstractas de color, denominados campos sensitivos de color. El color es la base expresiva de su obra, la profundidad espacial del color inducen al espectador al dialogo con la obra. El coleccionista Americano Ben Heller, quien descubre el talento artístico de Rothko, lo expresa de la siguiente manera: «Uno tenía que internarse en la obra y (…) vagar por su interior. (…)Es la experiencia pictórica más directa que había tenido jamás.»[14]
Sus últimos años combinó continuos ingresos en el hospital por un aneurisma en la aorta a consecuencia de su hipertensión arterial, con continuos estados depresivos a causa de la separación de su segunda mujer. Sus planos de color se vieron profundamente afectados por su estado psíquico y físico, los colores empezaron a oscurecerse y a ensuciarse. El amarillo, color que expresaba vitalidad y que era un continuo ocupante de su obra empezó a desaparecer, en su lugar tomaron autoridad los grises y marrones surtidos con rojos o granates. Todo en su pintura gritaba dolor, enfermedad y tristeza. El color se iba alejando tristemente de su obra y de su vida, sería el momento de su obra más dramática, donde el color fue desapareciendo hasta llegar a la absoluta monocromía del negro. Durante su último año se dedicó a trabajar monocromías de grises y negros. La obra sin título (negro sobre gris), realiza entre 1969-1970, fue posiblemente su última obra, ya que Mark Rothko se suicidó cortándose las venas con una cuchilla de afeitar en febrero del 1970. (Imagen 2)
Podemos observar en estos casos, como la pintura se vuelve el autentico revelador de los estados físicos de su creador. La mancha, la pincelada, el color de un cuadro es inseparable del estado vital del artista. Si la enfermedad afecta a la vida del artista, esto se ve reflejado necesariamente en sus creaciones.




II.C) LA ENFERMEDAD COMO ELEMENTO DETERMINANTE DEL CONTENIDO CREATIVO

En casos como los que hemos visto y seguiremos analizando, la enfermedad se torna el elemento determinante del contenido artístico, se vuelve el centro, motivación y tema de la creación. El yo artista es equiparable al yo enfermo. La enfermedad, la otra presencia, se torna una marca de identidad, les singulariza y les ofrece una distinción que en muchos casos es tomado como eje de su inspiración artística.
El Pintor e ilustrador de cuentos de hadas Ivar Arosenius murió de hemofilia, la enfermedad de la sangre que provocaba grandes hemorragias en algunos casos mortales. Se trata de una enfermedad hereditaria que ya había cobrado la muerte a su padre y de un hermano de apenas 14 años, que murió desangrado después de que le sacaran una muela. Arosenius era muy consciente de la amenaza de sangre constante en la que vivía, y su obra artística es una muestras de ese sangriento realismo. Nunca una ilustración de un dragón herido había sangrado tanto como en su dibujo de San Jorge y el Dragón (Ilustración 1), donde podemos evidenciar la lucha de san Jorge con un dragón, que no es otra cosa que la lucha del artista con su amenazante enfermedad.



Otro pintor que cabe rescatar sería Paul Klee, pintor suizo vinculado al Expresionismo Alemán creador del grupo artístico de Munich Die Blaue Reiter (El jinete azul) y que más tarde perteneció a la Bahuaus. Su tragedia personal le llegó a los cuarenta años cuando contrajo una enfermedad de la piel llamada esclerodermia, enfermedad en la que se encogen los músculos de la piel afectando a todo el cuerpo y causando la muerte en aproximadamente cinco años. A partir de su enfermedad empezó a tener grandes dificultades para seguir pintando, describe su estado de impotencia en un cuadro llamado Un creador, donde se dibuja a sí mismo muy triste sosteniendo una cera en la mano visiblemente afectada por la enfermedad, sus estado nos recuerda a los dibujos de Renoir o Monet, al igual que en el caso de la pintura de estos dos artistas, la pintura de Klee también se vio afectada, su obra perdió el carácter alegre y vivo que tenía en sus inicios, el niño que se afirmaba vivía dentro de Klee se había hecho mayor y sabía que su final estaba cerca, sus dibujos fueron desde ese momento de una total soledad, sin embargo pintó en sus últimos años más que nunca.«Nunca había dibujado tanto, ni tan intensamente, pinto para no llorar»[15]
Sus últimos cuadros, la mayoría dibujos, conforman una despedida planeada con títulos como Will Dabei sein (prefiere quedarse) y Trennt sich schwer (se va a su pesar) y uno de los últimos Durchhalten! (Persevera), Todos representan el esfuerzo perseverante del artista por afrontar con valor los duros momentos del final de su vida.
En ambos casos, tanto Arosenius como klee, sabían que sus días estaban contados, todos sabemos que vamos a morir algún día pero, en cierto modo, ese momento es ocultado por la brevedad de la vida. Sin embargo, Arosenius se enfrentaba, con Jorge al dragón, al momento de la muerte en cada una de sus fuertes hemorragias y Klee podía ver cada día como el proceso degenerativo de su enfermedad iba afectando a todas las zonas de su cuerpo. Ambos trabajaron intensamente en sus últimos años de vida, adivinar su muerte cercana les insuflaba aire sobre la chispa de la creación y esta ardía con un vigor prodigioso. Quizás este impulso creador incontrolable se debiera a que sus creaciones le otorgaban les otorgaban la única forma de permanecer vivos más allá de su muerte, le proporcionaban de algún modo una forma de inmortalidad.

II. D) LA ENFERMEDAD COMO MOTOR PARA LA EXPERIENCIA LÍMITE EN EL ARTE ACTUAL. ACCIÓN Y CUR(ACCIÓN)




Hoy en día, el enfermo que exaltaban en el Romanticismo poetas como Novalis o Baudelaire, es considerado como una inmundicia corporal dentro de nuestra aséptica sociedad. Una sociedad donde el cuerpo estético, bello, limpio y sano es la única realidad posible. A pesar de ello, los artistas que vamos a analizar no dudaron en presentar su cuerpo enfermo y elevarlo a objeto artístico. Pese a la polémica que estas acciones puedan suscitar, por su valor transgresivo o provocador, es cierto que de alguna manera la creación ofrece también para estos artistas un forma de terapia, que facilita el tránsito por su poderosa enfermedad.
La artista Hannah Wilke quiso dejar constancia de forma autorreferencial de las etapas de su tratamiento hasta morir de forma trágica afectada por un linfoma cancerígeno en su obra póstuma Intra-venus. Su trabajo artístico intenta recoger con toda su realidad y crudeza los últimos años de su vida transitando lastimosamente por la enfermedad de nuestro tiempo: el cáncer. En su producción artística podemos encontrar varias fotografías en color de la artista agonizante, autorretratos en acuarelas que expresan de manera altamente expresionista los estados más dramáticos de la enfermedad, pinturas realizadas con el cabello que se iba cayendo a consecuencia de la quimioterapia, y algunas piezas de ensablages diversos realizados con productos médicos desechados.
No menos importante en este territorio resulta el trabajo de artista polifacético de performance Bob Flanagan, enfermo de Fibrosis quística[16] desde su nacimiento, desde los dieciocho meses fue radiografiado, pinchado con agujas y sometido a operaciones para sacarle pus y las flemas que acumulada en sus pulmones, finalmente murió en 1996 a los cuarenta años de edad, su caso supuso un ejemplo único de supervivencia, ya que la mayoría de los enfermos de Fibrosis quística mueren en la infancia, y muy pocos son los que han superado los veinte años de edad. Su trabajo artístico nos ofrece todo un catálogo de prácticas sadomasoquistas, su lema fue «Combate la enfermedad con la enfermedad»[17].
Uno de sus trabajos más representativos, tuvo lugar en 1992, bajo el título Visiting Hours (horas de visita), se trata de una instalación autobiográfica de su enfermedad. El museo queda transformado en una sala hospitalaria, tras un paseo por varios objetos e imágenes fotográficas de Flanagan sometiéndose a experiencias médicas y sadomasoquistas nos encontramos al artista acostado en una cama de hospital donde responde a las preguntas del público sobre su enfermedad. Durante los días de exposición la sala se llenó de un público expectante que deseaba conocer los entresijos de esta extraña enfermedad. Si bien, este tipo de acciones no siempre son aceptadas por el público, que no comprenden la manera en que Flanagan frivoliza con un tema de tanta seriedad, cabe resaltar el enorme apoyo y cariño que recibió en la visita de un campamento estival de niños con fibrosis quística, con los que compartía desgraciadamente esta dolencia.
Otro de los artistas que considero pertinente nombrar es Ron Athey, escritor, crítico de arte y artista performance. Su vida estuvo marcada por la religión, el sadomasoquismo, la pasión por la sangre, los rituales primitivos y en sus últimos años por su enfermedad: El sida. Una de sus últimas performances es Mártires y santos, se trata de una representación sangrienta cuya tema principal es el Sida, pero que hace referencia también a cuestiones que tienes que ver con el cristianismo exacerbado, los rituales primitivos, los miedos contemporáneos y la experiencia del dolor. Para definir, a grandes rasgos, la performance a la que hacemos referencia, traigo las palabras de Javier Martínez de Pisón y Pilar Cano en su artículo: El arte del dolor:
La obra comienza antes de que el público se dé cuenta, sin anuncio previo, sin telón: a un costado del escenario, una mujer sentada en una silla de espaladas a la audiencia, con las manos elevadas y atadas a un poste mientras alguien le pasa unas gasas de alcohol por la espalda desnuda.
De repente, el hombre saca un bisturí y le hace una serie de incisiones en la espalda. La sangre de la mujer empieza a manar. El hombre le hace varios torniquetes y le saca la sangre de las venas con jeringas, tras lo cual se la echa por el cuerpo. La representación más fiera, desgarrada y sangrienta sobre el SIDA acaba de comenzar. Su autor Ron Athey [18]
El cuerpo es para Athey, al igual que para Hannah Wilke y Bob Flanagan el protagonista absoluto de su forma de hacer arte. El cuerpo supone para estos artistas el mejor medio de expresión para hablar de su deterioro, de su enfermedad y de su muerte Entendamos que todos estos creadores, frente al rechazo público que puedan ocasionar, están comunicando y mostrando una parte de su enfermedad, y que la enfermedad potencia el intereses de auto-representación de sí mismos, yo-artista / yo- enfermo, como si tal acto, auto-representarse, de alguna forma liberara una parte de su dramática situación. Mostrar el dolor es de alguna manera compartirlo, comunicarlo, hacer al otro partícipe de tu tragedia personal.
Diría Philip Sandblom que los artistas tienen, sobre todo, una gran necesidad de buscar nuevos y particulares medios de expresión, vías de comunicación con aquellos congéneres que sepan apreciar y compartan sus más profundos pensamientos[19]. Esta tremenda necesidad de establecer contacto en ocasiones se canaliza de un modo verdaderamente extremo, donde el interlocutor es en ocasiones agredido por el mensaje. Si en el siglo XIX el pintor sueco Carl Fredrik Hill, que estaba confinado en su habitación por una grave enfermedad, arrojaba violentamente sus cuadros y dibujos sobre los transeúntes que paseaban por la calle. un caso extravagante pudo contemplarse en Minneapolis en 1994, cuando el performer Ron Athey, seropositivo por más señas, arrojó al público que presenciaba su “arte” servilletas de papel empapadas en sangre, provocando una estampida fácil de imaginar.

Resulta paradójico, observar cómo el arte persiste y se torna la razón de ser del creador, cuando este se halla en situaciones trágicas, enfermedad, dolor, tristeza, o en la cercanía de la muerte. El arte, de alguna manera, retoma la posibilidad de alejar el drama diario de estos artistas mediante el juego simbólico, les otorga alas para escapar de la realidad, como aludía Frida Khalo en su diario personal «Pies para que os quiero, si tengo alas para volar» o para sustituir una acción por otra que resulte más satisfactoria, como nos decía Paul klee. «Pinto, por no llorar». El filosofo Nietzsche en su obra El nacimiento de la tragedia afirma que «sólo el arte tiene el poder de alejar ese sentimiento de disgusto que nos causa nuestra espantosa e inútil existencia, y nos hace adoptar concepciones con las que se puede vivir»[20]




III) CONCLUSIONES



Cómo hemos visto, la creación y la enfermedad parecen tener vínculos y relaciones estrechas, varios artistas, así como escritores nos han demostrado el importante papel que desempeñó la enfermedad en su actividad creadora, debido en gran parte a su relación con lo terapéutico, que puede venir dado por varias razones:
1. Lo terapéutico de inmortalizar a través de la huella y la creación., Si recordamos los casos de ilustrados Arosenius y Klee, podríamos decir que en ambos casos los artistas eran conscientes de que sabían sus días estaban contados. Arosenius se enfrentaba, como Jorge al dragón, al momento de la muerte en cada una de sus fuertes hemorragias y Klee podía ver cada día como el proceso degenerativo de su enfermedad iba afectando a todas las zonas de su cuerpo. Ambos trabajaron intensamente en sus últimos años de vida, adivinar su muerte cercana les insuflaba aire sobre la chispa de la creación y esta ardía con un vigor prodigioso. Quizás el impulso creador incontrolable se debiera a que sus creaciones le otorgaban les otorgaban la única forma de permanecer vivos más allá de su muerte, Puesto que es la creación la que proporciona mediante el dejar la huella un medio para conseguir la inmortalidad.

2 Lo terapéutico de reorganizar la enfermedad en un proceso parecido al de la creación. Se podría decir, salvando las distancias, que ambas condiciones la creación y la enfermedad surgen y se desencadenan en un proceso parecido. La creación parte de un malestar que desestabiliza al individuo y la enfermedad también, ambas condiciones buscan alcanzar una resolución de la situación problemática, en el arte a través de la reproducción de un objeto artístico y en la enfermedad a través de la curación. Ambos fines, objeto artístico y curación, regenerarían y reordenarían temporalmente al individuo, es por ello que algunos artistas han encontrado una forma de estabilidad poniendo en objeto artístico en el lugar de la curación.

3. Lo terapéutico de representar la enfermedad. Separación/ autoconocimiento. La enfermedad puede ejercer una poderosa influencia en el desarrollo del arte y que el arte puede ser un acompañante para el enfermo en los momentos más dramáticos. Esto es así, porque el artista al representar la enfermedad a través de una obra artística, así sea con una pintura, una escultura, una fotografía o con el mismo cuerpo como elemento artístico, se desprende una parte de la enfermedad misma en forma de objeto o en forma de acción, esto ofrece una mirada desde fuera hacía la propia enfermedad y esta mirada desde el exterior ofrece una nueva concepción de cómo entender la enfermedad. Poder observar y trabajar la propia enfermedad puede proporcionar nuevas herramientas para aceptarla en un primer lugar, y después afrontarla.
4. Lo terapéutico de establecer contactos con el otro a través del objeto artístico y comunicar la enfermedad. Cómo ya hemos afirmado, el artista tiene una gran necesidad de establecer contactos con el público, en los casos más extremos ya hemos hablado de Carl Fredrik Hill, encerrado en un psiquiátrico por una importante enfermedad metal, que arrojaba sus cuadros por la ventana a los transeúntes que pasaban por la calle o el caso del Performer Ron Athey , enfermo de sida, que en uno de sus espectáculos lanzó servilletas manchadas con su propia sangre provocando la estampida general. Cierto es, que en ese acto comunicativo el artista deposita una parte de su malestar en el otro que debe contener con su mirada, la necesidad de compartir y depositar en otro tu malestar a través de la creación permite un estado de comunicación profundo que resulta para el enfermo altamente liberador.

5. Lo terapéutico de acercar la enfermedad al espacio público, erradicar la anormalidad. En casi todos los creadores que hemos visto resuena una voluntad de exhibición de su enfermedad, así sea de una manera pictórica, escultórica o performativa, todos estos artistas han buscado sacar la enfermedad de los hospitale, lugar privado de sufrimiento, y proporcionar un nuevo espacio público para entender la enfermedad. El espacio escenográfico que predomina en muchas de las obras tiene que ver con el ambiente hospitalario. Este ambiente hospitalario va desde los vendajes que observamos en los dibujos de Renoir, en la oreja cortada de Van Gogh, en las prótesis y corsés de las pinturas de Frida Khalo, pasando por la recogida de accesorios clínico específico, como en la obra de Hannah Wilke o en el traer el espacio hospitalario al museo como hizo Bob Flanagan en su instalación Visiting Hours (horario de visitas). Con estas obras de arte la distancia entre lo público y lo privado en la enfermedad de desdibuja, el lugar hospitalario se desacraliza, convirtiendo en un lugar más cercano. Aquella distancia a la que hacía alusión Susan Sontang, separando a la salud y a la enfermedad en dos ciudadanías diferentes, se acorta. El reino de los enfermos[21] se muestra como un lugar más accesible para la manada de los seres normales[22]

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:



[1] LAING, Joyce H, Tuberculous Paintings, Ciba Symposium 12, 1964
[2] HILL, Adrian, Art versus illness [El arte contra la enfermedad] Londres, George Allen and Unwin, 1948
[3] NOVALIS, citado en SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995.
[4] PROUST, Marcel. Enfermedad, Creatividad, decencia y oscuridad. Editorial Centaurus, 1999
[5] MARTINEZ DÍEZ, Noemí y LOPEZ FERNÁNDEZ CAO, Marián, Arteterapia. Conocimiento interior a través de la expresión artística. Editorial Tutor psicología. Madrid, 2006. pág. 94
[6] SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995
[7] SONTANG, Susan citado en MARTINEZ DÍEZ, Noemí y LOPEZ FERNÁNDEZ CAO, Marián, Arteterapia. Conocimiento interior a través de la expresión artística. Editorial Tutor psicología. Madrid, 2006. pág. 94
[8]HEINE, Heinrich, Ibid. Pág. 37.
[9] GREENE, Graham, Ibid. Pág. 37
[10] BLIXEN, Karen, Ibid.Pág 131
[11] BROYARD, Anatole, The New York Times Book Review, nº1 (Abril, 1990)
[12] HERRERA. H, Frida, editorial Harper & Row, Nueva York, 1983.
[13] JACK, D, Matisse on art. Londres, 1926, citado en SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995
[14] HELLER Ben, citado en BAAL-TESHUVA, Jacob. Rothko, editorial Taschen, Bonn 2008
[15] KLEE, Paul, citado en SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995, pág 167.
[16] La Fibrosis quística es una enfermedad hereditaria que produce en el cuerpo una acumulación de espesas y pegajosas mucosidades que obstruyen el aire que pasa por los pulmones, hasta el momento es incurable, la mayoría de los enfermos mueren siendo niños o antes de los veinte años de edad
[17] BOB FLANAGAN citado en KAUFFMAN, Linda S, Malas y Perversas, fantasías de la cultura y el arte contemporáneos, Editorial Frónesis Cátedra, Universitat de Valencia, Madrid , 2000, pág. 37.
[18] MARTÍNEZ DE PISÓN, Javier y CANO, Pilar, Artículo El arte de dolor, citado en SANTAMARÍA BLASCO, Lourdes, Ron Athey. Escenas de una vida dura. Tecnologías estrategias para la creación artística, publica Universidad Miguel Hernández de Elche, Departamento de Artes, Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas, Grupo de investigación TECREA, 2006.
[19] SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995
[20] NIETZSCHE, El Nacimiento de la Tragedia,
[21] SONTANG, Susan citado en MARTINEZ DÍEZ, Noemí y LOPEZ FERNÁNDEZ CAO, Marián, Arteterapia. Conocimiento interior a través de la expresión artística. Editorial Tutor psicología. Madrid, 2006. pág. 94
[22] SANDBLOM, Philip. Enfermedad y creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. Editorial Tezonte. Fondo de cultura económica, México, 1995

7 comentarios:

Pilar dijo...

Genial texto Eva!!

SILVIA BORGHI dijo...

fascinante texto... lo subì a mi blog. Un abrazo argenmex

pAoLa* dijo...

me gusta tu blog, por lo tanto te seguiré. BESAZOS!!!

"Hello Stranger" dijo...

El otro día leía sobre la influencia en la creatividad por la enfermedad de Bipolaridad ... es increíble esto del cerebrito ...

gómez losada © dijo...

Esto es interesantísimo, he leído el primer punto, hasta donde dice - y lo peor de todo, el temor a la muerte[4]-, Sigo leyendo...

Gracias, y un saludo.

Jesús Cuenca dijo...

El que practica el arte es un ARTESANO o artista. Salud y arte se dan la mano. No solo es bueno para el cuerpo sino para la mente y además nos hace mejores personas. Enhorabuena por tu escrito.

AarónE_Pedraza dijo...

Hola, me llamo Aarón y estoy armando un blog como apoyo a mis clases, por lo mismo vi tu artículo y pues igual si te quieres dar una vuelta por ahi:

http://malditasemiotica.blogspot.com/

Saludos