¿Quien Soy?

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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

martes, marzo 24, 2009

Caótica Ana



Quisiera ser inmortal y morir sólo en la películas, quisiera ser ordenada como mi vecina y que mis lapiceros de color siempre estuvieran ordenados por gamas y con punta. Quisiera que no hubiera más calcetines desemparejados en mi armario. Qusiera ordenar los desastres de mi cajón. Quisiera entender mi orden y mi caos.




10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0… Hemos entrado en hipnosis.

A partir de ahora todas nuestras ideas sobre cómo se ha de contar una historia han sido borradas. Ahora somos poetas y sentimos como ellos. Ya no hay personajes, no hay principio ni final, no hay trama, ni nudo, ni desenlace. Estamos viendo una poesía. Estamos ante una metáfora, una forma distinta de transmitir la dramática relación entre dos simbólicos todavía muy disociados: lo masculino y lo femenino. Se nos presentan estos simbólicos en forma de cetrería: halcón oscuro y paloma blanca representan estos contrarios. En lenguaje burdo se nos muestra la poderosa fuerza del halcón cazador: varón al acecho que busca la presa débil para alardear de su poder y grandeza. La paloma muere desangrada, víctima de la garra poderosa e infalible del presumido halcón. Dramática visión se nos muestra, acabando así, con su muerte, la primera de las estrofas.



Y pronto comienza la segunda: expresión del protectorado patriarcal que aleja a la mujer de todo conocimiento e implicación social: sólo vale la enseñanza guiada de la “bestia parda” que, sin embargo, se sabe limitada y caduca. Pronto aparece la “mecenas” femenina que rescata a la protegida e indefensa paloma de su cueva y vida cavernícolas. La “bestia parda”, el animal, el hombre ya longevo, sabio y cansado, se sabe impotente y la deja volar. Nuevos aires mueven ahora las alas de la paloma; pero esta vez no hay quien la sujete: es para ella una sensación nueva ser libre. Busca con sus manos la protección de siempre, pero no encuentra sujeción: sonríe.



La “mecenas” femenina es la liberación de lo sensible: busca jóvenes especiales que, a pesar de sus miedos y costumbres, tienen en su interior el potencial de lo femenino y lo poético. Son ellos el futuro, la esperanza creadora de un nuevo mundo. Pero todos ellos tienen algo en común: miedos, traumas, puertas cerradas pendientes de abrirse para acabar con sus pasados y el pasado de la historia: es el arte y lo estético su salida. Se busca dar un sí a la libertad sensible para superar lo meramente racional, la frialdad lógica patriarcal y su violencia.



Entre tantos miedos y temores irracionales aparece fortuitamente el amor. La inmensidad el conocimiento, como no, representada en un varón, deja embriagada de amor a la paloma débil hasta ahora aislada. Said es un ejemplo del oscuro masculino, el halcón que con su garra penetrará en el corazón y cuerpo de la paloma ingenua que morirá en vida presa de su pasión. Pero el varón oscuro, también víctima de la violencia masculina, huirá dejándola sola y sin respuestas, haciéndola sentir culpable y responsable de algo que desconoce.



Aparecen ahora alusiones indirectas al resentimiento femenino. El dolor de Linda expresa exageradamente la disociación masculino/femenino. De forma hostil enseña las consecuencias del rumbo de la historia: ellos violadores, ellas putas. Ana, la paloma, es sometida a regresiones. Se enseña así la cantidad de injusticias históricas que ha sufrido lo femenino. A modo de reminiscencia platónica, se resucita la conciencia femenina, se recuerda la memoria de tantas féminas sufridas y negadas: metáfora perfecta que evoca al segundo plano que ha tenido la mujer en la historia. Ana, la paloma, se erige como la elegida salvadora. Pero falta un paso más. Las voces de Linda son ahora un barco que llevará a Ana hacia una nueva liberación: ahora toca actuar. Ana es la reencarnación permanente de lo femenino: ya sea en forma de ave, ya sea en forma de sufrida saharaui.



En la ciudad “más libre del mundo” se desarrolla la última acción de este simbólico femenino. Una nueva regresión muestra otra terrorífica injusticia: la opresión del pueblo indígena norteamericano. Ella, víctima otra vez del ave poderosa que siembra discordias entre los hombres, muestra también en su proceso una parte más de la decadencia masculina: hombres embriagados y holgazanes, pero poderosos, que magullan lo femenino.



Ya el destino es inevitable: toca buscar al nuevo “señor de la guerra” para ejecutar la venganza. Y de forma fortuita consigue llegar a él. Acaba le película de idéntica forma a la que empieza. El excremento de la paloma sobre el “señor de la guerra” enlaza con la escena primera de la cetrería, donde el halcón es cegado con el mismo acto. Ese es el punto débil de lo masculino. Y lo femenino sabe cómo cegarlo y desquiciarlo. Pero en esta última ocasión la fémina no muere: desde la conciencia es capaz de aguantar el sufrimiento. Ya es inmune. Ya lo masculino no puede vencer a lo femenino: por eso sonríe. El trabajo está hecho. Se rompe con nuestra herencia griega de la misoginia. El rumbo del futuro será a partir de ahora uno nuevo: un mundo feminizado.

“Caótica Ana” es una apología de lo femenino, de la fecundidad. En muchas ocasiones sólo la sensibilidad poética es capaz de ordenar el caos para convertirlo en cosmos racional (que es ciego ante el desorden) El caos de Ana es también el aparente caos de la película. Es también el caos del origen de todo, pues caos es, etimológicamente, lo primigenio, lo que está antes del cosmos: es lo femenino, lo fecundo, lo que da el origen de la vida. “Caótica Ana” es también una denuncia del escaso desarrollo cultural que ha sufrido la sensibilidad poética y femenina, una denuncia ante la permanente ocultación de este esquema interpretativo de la realidad (por eso cuesta tanto entender el orden de esta película). El Caos de Ana es una muestra del origen de nuestra historia y su desarrollo. Gracias a ella recordamos lo que tanto hemos olvidado, negado y oprimido: lo femenino, al indefenso, al pobre, lo diferente…. Todo aquello que se salga de lo heredado, de lo aprendido, de la costumbre, es negado, rechazado, masacrado. ¿No debiéramos dar un paso más y romper viejos esquemas para dar paso a nuevas sensibilidades? Quizás así, películas como ésta no serían tan cuestionables.



Publicado por ABEJITO, Vía: http://revistacanaria.blogspot.com/

2 comentarios:

Absalon dijo...

Ahora me acuerdo que la paloma se caga en el ojo del halcón al principio de la peli, igual que ana al final con el viejo ese... no me había dado cuenta hasta ahora que he leído esto, es que soy muy cortito jeje

Anónimo dijo...

A ver, acabo de ver la peli y entiendo que Ana es inmortal???