¿Quien Soy?

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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

viernes, marzo 07, 2008

RETRATO DE UNA PERVERSIÓN

"La Razón para que alguien se quiera convertir en artista,
es que a esa extraña clase social, se le premia por hacer cosas,
que a otra persona le llevaría directamente a la cárcel,o al rechazo
social"

(Honorato de Balzac; 1830, Novelista Francés)



Sabemos bien, que en Horror como en la Sensualidad, cuando menos se ve, más excitante nos parece.

Y así es, cuanto menos se nos muestra, más se nos arrastra a acercarnos morbosamente a mirar sin querer ver, a mirar con las manos sobre los ojos y los dedos entreabiertos, a apartar el vestido transparente, a correr perversamente las cortinas y a mirar sigilosamente por la rendija de la puerta. Lo irónico es que casi siempre, la presentación del objeto literal frente a nosotros, nos resulta decepcionante, ya que por más atroz que este sea, nosotros siempre imaginábamos algo peor.

Y es que solo nosotros somos conocedores de nuestras perversiones impropias, de aquello que nuestro “yo” ha alejado, que ha exiliado a través de un escalofrió, una arcada o un grito pavoroso. Y que, sin embargo se manifiesta atento desde su guarida para gozar silenciosamente de cualquier indicio de perversión.

Y Todos los días, en cada una de nuestras vidas, nos hallamos ante uno o varios indicios perversos, actos tan cotidianos como apartar con una arcada la nata en el café con leche del desayuno o al atender con un escalofrío al cartel de desaparecida de una mujer en las paredes de tu ciudad. Y ocurre que nuestra mente, esa incansable inventora de perversiones, es capaz de reconstruir en cuestión de segundos, una gran cantidad de relaciones perversas, entre esa inofensiva superficie lechosa del desayuno y flujos corporales que entran y salen de nuestro cuerpo repulsivamente, o imaginar actos salvajes de tortura y depravación con la mujer desaparecida como protagonista.

Esto, sin encender siquiera el televisor, ni ojear el periódico matutino, canales que también nos aportan diariamente nuestra dosis necesaria de auto-perversión, para seguir girando la cabeza repulsivamente. O un paseo por internet, donde las vías de la censura se rigen por normas “diferentes”, para entender como en un simple “click” hacia una nueva ventana desconocida, se disparan manifiestamente nuestras respuestas perversas.

A veces las huellas inconscientes de esos bocados de Horror quedan grabados en nosotros para siempre, retro-alimentando nuestra perversión en un sinfín de conexiones, expresándose a través de los sueños o inicuas fantasías.

Todo esto, me ha llevado a recordar una perversión infantil difusa, una imagen indefinida grabada en mis archivos personales, que en todos estos años se mantiene latente, aguardando cualquier indicio de horror para reconstruir ese extraño encuentro infantil con la perversión.

Se trata de una escena televisiva, la escena en cuestión aparecía en la cabecera de entrada de una sesión nocturna de cine, escondida, camuflada, entre otras imágenes inocentes, en ella se dejaba ver una cabeza humana que estallaba "literalmente", eran escasamente unos segundos de estallido, de horror insoportable, que las noches de los viernes, con apenas nueve años, aguarda con las manos en la cara y cerrando los ojos fuertemente, no podía llegar a verlo completo, o quizás nunca lo llegué a ver siquiera, aunque algo de aquella imagen había quedado en mi, proporcionándome un pánico insoportable, una angustia indefinible de horror.

Esta escena, re-descubierta muchos años después, es una escena de la película de Terror de David Cronenberg, “Scranner”, es una muestra explicita de cómo Cronemberg transforma una perversión cotidiana en visible, ya que el esfuerzo extremo de concentración cerebral del personaje da lugar a que la cabeza estalle como si fuera una sandía activada, y los sesos y todas estas interioridades calientes que yo representaba sin llegar a ver jamás en mi imaginación, quedaban esparcidas por todas partes.


Cabeza que estalla, Scanners (Cronenberg, 1980)


Ahora, me acerco de nuevo a esa ventana perversa, rescatando ese horror infantil, recibo aquel pitido irritante que avisaba que el estallido iba a llegar, con la misma repulsión que lo hacía antes, con la misma excitación a la vez.
Ahora, en solo un “click”, recibo todas aquellas sensaciones de nuevo, pero el reencuentro con la escena parece dejarme impasible, y eso resulta un alivio, pero sin embargo me siento decepcionada, algo de lo que componía esa perversión se ha perdido , aquella escena explícita a perdido el velo con la que mi imaginación la representaba, quizás porque lo más perverso, el más oscuro pasaje del horror, se escondía en aquello que los dedos entreabiertos sobre mi cara tapaban.

Bibliografía:

KRISTEVA, Julia. Poderes de Perversión
KAUFFMAN, Linda S. Malas y Perversos, Fantasias en la cultura y en el arte contemporáneo, Ed.Cátedra (grupo anaya. S.A), 2000
OLIVARES, Rosa, Culpable o Muerto. Texto introductorio de la Revista Exit. Revista 8, censurados
FREUD, Sigmund. El Malestar de la Cultura.

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