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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

martes, febrero 26, 2008

Amor, DIME QUE NO ME AMAS

AMORES CON MANCHAS DE SANGRE.
Sobre la pasional relación del amor y la violencia




"¿Puede uno acaso ser cortés con el otro, cuando se esta en el insoportable ensalvajamiento de la pasión?"
(Christine Dal Born)


"Unidos como la carne a la piel, nuestra separación solo puede provocar un gran desgarro, donde el uno sin el otro sería incapaz de vivir"
( Sólo Mía; película de Javier Balaguer)





Nan Goldin en la Introducción de su libro“ The Ballad of Sexual Dependency” señala: "como la mitología del Romance se contradice con la realidad del emparejamiento y perpetúa una definición del amor que crea expectativas en los amantes que pueden ser muy peligrosas”. (1)

La Artista y fotógrafa Nam Goldin, encuentra en la narración de las complejas relaciones de dependencia amorosa y sexual el tema artístico que le acompañará en toda su obra, para emprender esta narración Goldin trabaja con series de fotografía donde intenta plasmar sus propias experiencias amorosas, temas como la dependencia emocional, la plenitud del amor, la iniciación a las relaciones sexuales, el amor, la violencia, la pasión, entre otros se repiten continuamente en su trabajo.

Esta obsesión recurrente por los límites de las emociones, no es más que una prolongación de sus propias vivencias, Goldin vivió muy de cerca los pormenores de las relaciones sentimentales patológicas, Una hermana suya se suicido unos años antes de que ella decidiera dedicarse al Arte, tras una ruptura amorosa que la desestabilizo tanto q la llevó a la muerte. La misma Goldin también fue víctima de la dependencia sentimental y vivió a lo largo de su vida gran cantidad de relaciones muy perjudiciales que la llevaron incluso a ingresar en un hospital tras recibir una paliza de su pareja.

Goldín Explicó que comenzó a dedicarse a la fotografía para poder recordar los pormenores de su vida y aprender de ellos, necesitaba aprender a controlar sus emociones, y el arte le serviría para reforzar una nueva identidad hacia la independencia que necesitaba. Empezó a utilizar el objetivo como una forma de volcar la violencia recibida:“me enfrento al objetivo como una francotiradora, le disparo y él me devuelve golpes de realidad, que a veces son muy dolorosos, mi relación con el objetivo es una relación de amor, que supera los excesos”, reconoce Goldin.(2)

Toda la Teoría de Nan Goldin sobre la Violencia, el sexo y el amor gira en torno a la afirmación que la violencia solo ocurre cuando hay un exceso del amor. Afirma que todos buscamos ser amados pero no todos estamos preparados para ello, y es fácil dejarse arrastrar de manera peligrosa hacía los extremos.




en este video podemos observar una pequeña retrospectiva a la obra fotografica de Nan Goldin


En este sentido la presunción de Goldin no parece tan incoherente, ya que son muchos los estudios que se están realizando en esta línea, como el trabajo de la psicóloga y antropóloga Miryam Jimeno Santoyo, , “Crimen pasional, contribución a una antropología de las emociones” en el apunta que el verdadero esquema cognitivo-emocional en la violencia de pareja es un exceso de amor,(3) y de esta forma pone en marcha la aceptación de un cierto tipo de ambigüedad en la vida sentimental de las parejas, que facilita un tránsito constante entre el odio y el amor.

Nos parece paradójico, pero sin embargo nos resulta cercano encontrar que personajes acusados de crimen pasionales reiteran ante el tribunal el amor incondicional hacía su victima:
“Yo la amaba tanto, un amor que no es comparable con ninguna forma de amor,[…] yo la admiraba tremendamente, tanto que no me bastaba con tenerla, la deseaba tanto que se escapaba de los límites de lo que yo podía controlar “ repetía Pablo ante el Tribunal que le juzgaba por el asesinato a puñaladas de su mujer (4).

No puedo evitar ver en este acto horripilante de amor, en las fotografías sangrantes de realidad de Goldin, en esta descorazonada brecha entre el amor y el delito por amor, por exceso de amor, una cierta cercanía al “romanticismo más extremo”, al sufrimiento por amor hasta las últimas consecuencias, a un amor indeseable, pero poético extrañamente en su exceso.

Quiero destacar, llegado este punto, que encuadrar el crimen y la violencia pasional como un exceso de amor, no se trata más que de una forma de sublimación poética para hablar de lo que realmente es una patología emocional o una enfermedad de los sentimientos.

Creo conveniente traer en este momento al psicoanalista Sigmund Freud que en su obra, El malestar de la cultura (1988), afirma la importancia de los instintos destructivos y los instintos eróticos de los seres humanos que parten de la misma fuente pulsional, y pueden volcarse hacia el exterior como acciones agresivas o destructivas, o por el contrario, altruistas. Y esto estriba de la relación de más o menos dependencia del individuo hacía un otro.

El miedo a la pérdida del amor, es para Freud el miedo a perder el amor del prójimo del cual se depende emocionalmente, y perder con ello su protección, lo cual provocaría ansiedades insoportables, sólo comparables con las ansiedades primarias que siente el neonato en su primeros meses de vida y con la dependencia hacía la protección de la madre.

En el interior de cada persona se alojan posiciones instintivas, innatas y autónomas hacía la agresión, de manera que según Freud, emociones humanas como el la solidaridad o el odio son materiales constitutivos de la forma de amar del ser humano.

Más concretamente y entrando de nuevo en el tema del amor, Freud afirma que el amor contradice el proceso de formación de las personas, según el cual originalmente el “yo” se incluye hacía un estímulo exterior y luego se desprende de sí mismo, “En el amor el yo parece perder sus límites precisos[…] es un estado que si, bien extraordinario, puede ser tachado de patológico: en la culminación del enamoramiento amenaza esfumarse el límite entre el yo y el objeto […]. El enamorado afirma que yo y tú son uno y esta dispuesto a comportarse como si realmente fuese así” (5)

A partir de estas premisas, los posteriores desarrollos psicoanalíticos proponen que la persona que emplea la violencia en la relación amorosa tiene una deformación de las relaciones afectivas, según la cual pretende “ser uno sólo con el otro” quiera este último o no. Lo que para Freud era una fase normal del enamoramiento inicial, y por tanto pasajera, se vuelve crónica y da lugar a una enfermedad del sentimiento, a una forma de emoción patología, que solo se sacia hacia la auto-destrucción de uno mismo a través de la destrucción del otro.


Resulta curioso y a la vez desconcertante que aquella exaltación idealizada del amor que nos bombardea continuamente a través del cine, las telenovelas o el ámbito social en general, no es más que un impulso psicológico hacía las relaciones sentimentales patológicas.
Resulta por tanto ineludible no sentir un duro bloqueo al recibir como golpes las imágenes de Goldin, y saber que si algo conocemos del amor, es porque hemos estado ahí, en cada uno de sus fotogramas revolviéndonos por escapar y agarrándonos con más fuerza, entrando y saliendo de los límites de la identidad, entre el “yo” el “tu” y el “uno solo”.

Abriendo los oídos a los cantos que resuenan en las cumbres del romanticismo, alabando al vital desgarramiento del sublime “atar”, sucumbiendo a la finalidad misma del acto sexual amoroso, a la inspiración de todo acto apasionado que es, el volverse uno con el otro hacía la construcción del Amor, ignorando las manchas de sangre del camino.

(1) La Balada de la dependencia sexual, Nan Goldin, 1987
(2) Entrevista de Nan goldin, con motivo de su exposición en el Palacio de Velázquez en 2002, publicada en el periódico el mundo, el 20 de Abril de 2002.
(3) Crimen Pasional; Contribución a una antropología de las emociones, Myriam Jimeno Santoyo, Editorial Unilibros, 2004
(4) Palabras de pablo (acusado de crimen pasional) ante el tribunal, uno de los casos de crimen pasional extraídos de la obra de Myriam Jimeno Santoyo.
(5) El Malestar de la Cultura, Sigmund Freud, 1988



Eva Cristina Mesas Escobar

3 comentarios:

CUCALELLA dijo...

Interesante reflexión!!! Pero entonces me pregunto yo... ¿Se debe amar con moderación? Saludos :-)

Anónimo dijo...

puede ser muy peligroso.

dijamos que es como el sol... nunca puedes enfrentarte a él sin protección, sobretodo entre las 12.00 y las 16.00 h.

xxx dijo...

Eviki, tienes mal linkeado (me encanta esta palabra) mi blog, has puesto otro, el mío es con x al final. Sigue escribiendo así a pijo sacaó, jajajaj para que luego nos quedemos debatiendo por el messenger hasta altas horas de la madrugada.
Sigo sin creerme a Nan Goldin y sus fotos me siguen pareciendo anuncios publicitarios.Pero te doy la razón, en lo de que es cuestión de conectar. Colgué una foto suya en mi blog, pasate.
besetes.