¿Quien Soy?

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Alicante / Murcia, Spain
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Master en Arteterapia y mediación plástica por la Universidad de Murcia. Estudiante de Psicología por la U.N.E.D (Universidad a Distancia)

domingo, noviembre 04, 2007

TERNURA INTELIGENTE CONTRA LA DUREZA DEL CORAZÓN


ENTRE CREACIÓN Y TERNURA; UN RELEVO PARA LA VIDA.




“Sentí de repente por aquel hombre algo parecido a la ternura,
Sentí la ternura que se siente por la común vulgaridad humana,
Por lo trivial cotidiano del cabeza de familia que va a trabajar,
Por los placeres alegres y tristes, de que forzosamente se compone la vida,
Por la inocencia de vivir sin analizar nada”

Fernando Pessoa. Libro del Desasosiego








Dicen Marisa y Ricardo Rodulfo que el niño dibuja para habitar el mundo, se rinde a la creación en un acto que incluye el dejar la huella, el dejarse en la huella por un trazo ligado al tacto y a la caricia, transferencia de la caricia recibida, que en el gesto artístico es dada. Huella de nosotros en el mundo, y huella del mundo en nosotros.

Tras leer esto, no pude evitar el volver a sentir aquello a lo que llamo ternura, la magia del momento en que algo de lo que estaba en mi, conecta con unas palabras escritas en un libro, y sientes que las palabras pueden tocarte, enternecerte, erizar tu piel, como si de repente hubiera sentido una intensa caricia por todo tu cuerpo.

No pude evitar visualizar esa aguda metáfora una y otra vez, dejándome llevar por la ternura, veía el bebe que intenta reproducir las caricias de la madre, acariciando las paredes con los dedos manchados de chocolate, en un acto de marcar, de dejar la huella de su afecto a través de la creación, en un intento de que las caricias perduren en el espacio y se hagan visibles.

Los pediatras saben que el origen de muchos trastornos infantiles son la falta de ternura, muchos médicos han estudiado las dermatitis rebeldes que sufren los niños que no son acariciados, no es ningún secreto que la piel necesita ser acariciada cálidamente para desarrollarse bien, pero la ternura no se detiene en el ámbito de lo maternal, sino que inicia una expansión, una colonización hacía otros territorios, y uno de ellos, según esto, podría ser el arte.

Otro carácter expansivo de la ternura, se ha transferido como falacia a las relaciones sexuales. El sexo es brusco, siempre ha sido así, existe desde siempre una estrecha relación entre el sexo y la violencia, entre el placer y el dolor, violencia es un sinónimo a la pasión. El sexo es un acto de agresión y violencia al que abatimos todos los seres humanos en un acto de egoísmo e ingratitud, en una búsqueda hacía nuestra propia satisfacción pulsional, sin embargo el rodearlo de ternura ha sido una operación transfiguradora, Supone un salto cualitativo y cuantitativo que engrandece nuestras relaciones. Mediante la ternura los amantes se “aniñan”, experimentan por este proceso una extraña regresión infantil sin dejar de ser adultos, mediante el cual dulcifican el sadismo natural de sus actos sexuales. Porque la ternura esta directamente proyectada a lo “pequeño”, y para disfrutar de ella hay que “empeñecerse”. Y los besos y las caricias forman parte de esta “pequeña” estrategia. Los amantes se alimentan boca a boca, se piden los labios como un bebe que se amamanta.

Sospecho entonces, que la pérdida de esa ternura adaptada es la causa de muchos fracasos sentimentales, es como si los amantes en un determinado momento envejecieran de repente, se vuelven adultos y dejan de expresarse mediante diminutivos, se endurecen los sistemas de defensa, se marcan los roles, se seca el cemento y todo lo que pueda resultar enternecedor queda más cercado en las áreas del ridículo. Y la como consecuencia de este prematuro envejecimiento, llega la muerte de la relación.

Pienso que esto mismo se puede aplicar a todos los campos de nuestra vida, el dejarnos enternecer continuamente, apasionarnos dulcemente por los actos cotidianos de la vida, vivir en una intensidad total los acontecimientos, nos “aniña”. Nos dispara a la ternura, nos hace estar receptivo a los pequeños guiños de ternura que se nos devuelve como un boomerang desde la dura antipatía de la vida.

Heidegger decía que la angustia ante la muerte era el sentimiento básico del hombre, pero en mi opinión no es necesario esperar esa angustia para sentir algo que vuelque todos nuestros frutos, yo creo en la ternura como el sentimiento que nos vuelve humanos, porque conecta directamente con el primer soplo de vida que sentimos cuando aún éramos bebes, y aunque hallamos olvidado, nos recuerda a algo que aún no queda de nuestra inocencia, antes que el conocimiento de la realidad consiguiera insensibilizarnos.

3 comentarios:

j4m3s dijo...

wapaaaa.... q bonitoooel texto q has escrito y el cerdo ese no te dice nada. q putooooo XD

Eva Cristina Mesas Escobar dijo...

Graciasssss Amorrrrr Mio.....
Pero, ¿de que cerdo estamos hablando exactamente???




hay tantos....;)


besitos con lenguitaa

amacu@ya.com dijo...

un texto muy especial que se nota que necesitaba salir a borbotones de su escondite. Me lo he llevado a mi terreno, como suelo hacer, y veo las conexiones con mis reflexiones y trabajo. Es increíble lo cerca que estamos unos de otros. Muchas gracias por toda tu ayuda y apoyo, eva, y sobre todo por poner palabras a los brotes instintivos que uno a veces no sabe de dónde vienen o qué quieren decir exactamente. Te mando un beso enorme. Por cierto, voy a poner en mi blog una conexión al tuyo, serás mi primera conexión (si no tienes inconveniente). Muchos besos, guapísima.